Germinados y brotes

Si hay algo “bueno” que podría rescatar de estos meses de encierro, es que he vuelto a ponerle atención y dedicación a mi alimentación. Lo he hecho porque he tenido más tiempo, pero también porque mi cuerpo me obligó a hacerlo.

Tuve que restringir temporalmente muchos alimentos, especialmente los inflamatorios y por ende volcar todos mis conocimientos en no morir de hambre ni tener una alimentación deficiente.
Volví con todo a los fermentos, he experimentado mucho con harinas alternativas y mi último acierto fue volver a hacer brotes. No hacía hace años y ya casi ni me acordaba bien como era , pero más fácil no puede ser, así que no me demore mucho en agarrar el ritmo.

No soy experta en nutrición, no les voy a dar cátedra sobre lo bueno que pueden ser para nuestro cuerpo (eso lo pueden googlear), pero sí les puedo contar que los brotes son como una bomba de nutrientes ya que son semillas despiertas, listas para crecer y transformarse en planta (solo que los comemos antes ) y muy fáciles de digerir.
A mi me encantan, sobre todo sobre alguna crema de verduras o en sopas (muy para la estación). También quedan maravillosos sobre un pan con palta, pero no puedo comer ni uno de los dos x el momento 😦

En fin. Las razones para preparar estas delicias sobran y las excusas ya no valen después de que vean lo fáciles, económicos y versátiles que son :).

Paso a Paso

INGREDIENTES / IMPLEMENTOS

  • 2 Cucharadas de alguna legumbre o semilla (yo he probado con lentejas y porotos mung)
  • 1 frasco limpio
  • 1 trozo de tela delgada, ideal que permita escurrir el agua
  • 1 elástico
  • 1 plato o recipiente

PREPARACIÓN

  • Dejar remojando las legumbres o semillas toda la noche.
  • A la mañana siguiente descartar el agua de remojo (puedes usarla para regar tus plantas), lavar bajo el chorro de agua de la llave sobre un colador, poner dentro del frasco, tapar con la tela afirmada con el elástico y poner boca a bajo (en ángulo de 45), sobre el plato o recipiente.
  • Guardar dentro de un mueble de cocina o en algún lugar donde no le llegue mucha luz, ni humedad, ni calor excesivo.
  • A contar de ese momento, debemos ir humedeciéndolas 2 veces al día. Esto lo haremos poniendo agua en el frasco, moviendo todo en el interior y escurriéndola a través de la tela o con ayuda de un colador. Siempre dejamos boca abajo (en ángulo de 45) sobre el plato, para que bote el exceso de agua.
  • Es ideal usar agua filtrada o al menos con el cloro evaporado. Para tener agua sin cloro, sólo debes dejar agua en un frasco o jarro, tapado con una tela, al menos una hora antes de usarla. Yo mango agua así permanentemente y es la que consumo o uso en mis preparaciones 🙂
  • Repetiremos esto hasta que la semilla germine y que ese tallo que se asoma sea del doble de la semilla.
  • A contar de ese momento ya se pueden comer, pero a mi me gusta que le salga una hojita, es decir, que se convierta en un brote. Cuando empiezan a salir, es ideal poner el frasco algunas horas a la luz para que se ponga verde. Cuando esto pase ya están listos :).
  • Para conservarlos, lo mejor es dejarlos en el mismo frasco (pero esta vez tapado con la tapa), con agua, dentro del refri y consumirlos máximo en una semana (o hasta que notes que pueda tener un aspecto u olor no tan agradables). Lo ideal es cambiar el agua cada dos o tres días para que no fermenten. No es necesario dejarlo en ningún ángulo en particular, solo procurando que tu frasco o contenedor no bote agua.

Ojalá los hagan <3, me cuentan!!

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