Ser consumidorxs conscientes: Que se recicle o se composte no lo hace menos desechable

Como ya les comenté en el post anterior, este año unimos fuerza con muchxs activistas medioambientales, nacionales e internacionales, para aportar cada une desde su propia mirada, a crear consciencia en torno a la problemática del plástico desechable, en el marco de la campaña mundial #JulioSinPlastico

Desde mi perspectiva, para realmente poder hacerle frente a la problemática de los plásticos desechables, y de los DESECHABLES en general, primero tenemos que entender porqué son un problema. Es necesario hacer reflexiones profundas y no solo seguir tendencias. Y con esto me refiero a entender el problema completo y no solo quedarnos con la imagen de orillas de playa llenas de botellas flotando o la de un ave muerta con su estómago lleno de pequeñas piezas de plástico. Estas imágenes son terribles, sí, y por lo general suelen crear cierto grado de sensibilidad. Pero el problema real no es solo que la basura termine donde no corresponde. El problema real no es solo que “la gente” no clasifique sus desechos o que los territorios no tengan sistemas de gestión de residuos suficientes. El real problema de los desechables comienza cuando se diseñan.

Un producto, del material que sea, para hacerlo tangible requiere recursos. Hablemos del plástico convencional. Voy a sobresimplificar esta explicación por dos razones: Para no desviarnos del tema central de esta entrada y poder ejemplificar bien mi punto; y porque no soy experta en los procesos como para detallarlos.

El plástico se fabrica en base a petróleo, el cual es un recurso finito no renovable. El petróleo crudo se extrae de las profundidades de la tierra (de yacimientos emplazados, en su gran mayoría, en zonas que se han convertido en zonas de conflicto bélico), cavando profundos pozos petroleros, emplazando grandes torres de extracción, oleoductos y en algunos casos, las refinerías en el mismo lugar. Luego se procesa para transformarlo en compuestos más refinados, por medio de procesos industriales que requieren energía y generan emisiones. Estos compuestos son nuevamente procesados de manera industrial para obtener diferentes tipos de polímeros, que luego son trabajados, nuevamente de manera industrial, para obtener productos, los cuales viajan a diferentes partes de mundo. En algunos casos estos productos viajan para formar parte de una nueva cadena de producción de algún otro producto. En otros casos, los productos terminados son vendidos en el mercado mayorista a quien probablemente los redistribuirá a menor escala para su venta o entrega directa al consumidor. Durante todos estos procesos es necesario utilizar diferentes medios de transporte (marítimo, aéreo y/o terrestre) , que requieren energía y generan emisiones y son necesarias también muchísimas personas, muchas de ellas probablemente expuestas a malas condiciones laborales, todas ellas utilizan recursos (de distintos tipos) y también generan emisiones. En el caso de que el producto final fuera un producto plástico desechable, como una botella por ejemplo, toda esta cadena de sucesos, todos estos recursos requeridos, todas estas emisiones producidas, se habrían llevado a cabo para durar solamente lo que el usuario demore en consumir el líquido dentro, para luego, en el mejor de los casos ser reciclada (en un nuevo proceso industrial), cuando el territorio donde se consumió el producto así lo permita.

😐

Ahora, pensemos en los plásticos compostables, esa nueva industria que tanta atención capta por estos tiempos. Los plásticos compostables son polímeros extraídos, en la mayoría de los casos, del almidón de maíz (también los hay de celulosa, de algunas algas y se ha experimentado con algunos hongos). En este caso, la materia prima es el maíz, el cual se obtiene de extensas plantaciones de monocultivo agrotóxico, que empobrecen suelos y comunidades, destruyen ecosistemas y afectan directamente la salud humana. Maíz que luego es procesado industrialmente para obtener polímeros y desde aquí repite exactamente el mismo ciclo que un polímero obtenido en base a petróleo. E incluso puede ser peor, ya que una vez en manos del consumidor y tras su breve vida útil tiene dos alternativas:

  1. Ser compostado, lo cual también es una trampa por que NO TODOS los plásticos en base a maíz pueden ser devueltos a la tierra de manera doméstica. Muchos de ellos solo podrán ser transformados en materia orgánica mediante procesos industriales, con condiciones óptimas de laboratorio para su descomposición.
  2. Ser desechados como basura, ya sea por que el usuario no tuvo la sensibilización de gestionarlo o por que no era posible gestionarlo de manera doméstica y en el territorio donde se utilizó no existen sistemas de compostaje industrial. En este caso el producto va a terminar en un vertedero, en el cual, debido a las características anaeróbicas de estos lugares, se descompondrá contribuyendo a la generación de GEI o de lixiviados que contaminan las napas de aguas subterráneas.

:|!

Entonces, qué hacer?! REFLEXIONAR. Los productos desechables, y sobre todo los productos de plástico desechable, se han tomado el mercado y lo han hecho como respuesta ante la constante demanda por comodidad y rapidez. Elementos de uso cotidiano como vajilla o cubiertos, bolsas de compras, pañales, toallas higiénicas, envases de comida (casi toda la que encontramos en un supermercado), envases de productos de limpieza o de higiene personal. Productos que se producen (valga la redundancia) en lugares que no conocemos ni sabemos donde están, que deben venir en estos formatos aptos para los viajes a los que se ven expuestos y para la fácil comercialización donde sea que se venda. Y tantos otros que podemos perfectamente reemplazar por alternativas reutilizables o que de frente no necesitamos. Un buen punto de partida es reflexionar sobre su uso. Qué es lo que estoy consumiendo? De donde viene lo que estoy consumiendo? Quien hace lo que estoy consumiendo? Que tan necesario es consumir este producto?

Quizás si nos hacemos estas preguntas podemos ir encontrando respuestas, podemos abrir nuestro espectro de consumo hacia otras alternativas, probablemente más naturales y muy posiblemente de producción a baja escala y local. O en muchos otros casos podemos encontrar respuestas en cosas que tenemos desde siempre en nuestras casas, como cubiertos de verdad, o que podemos conseguir una sola vez y nos puede durar toda la vida, como una botella de agua.

Hay un montón de otras instancias en la que nos enfrentamos a los desechables, en varios casos para las que han sido una gran solución (lo que no las exime de cuestionamiento respecto a porque no se ha trabajado en su correcta gestión aún), como lo es por ejemplo toda el área de la salud, la cual hemos visto y vivido muy de cerca estos últimos meses. Pero incluso en este contexto se ha llevado a un extremo y hoy vemos como medidas sanitarias que antes se limitaban a centros de salud, pasaron a ser práctica cotidiana de muchas personas de a pie, como el uso de mascarillas y guantes desechables, los cuales ya es sabido pueden ser evitados, utilizando mascarillas reutilizables y manteniendo una constante higiene de manos.

Mi invitación hoy es principalmente a esa reflexión. Entender que el cómo termine la vida útil un producto no es lo único que nos debe importar y no debería ser una característica tan codiciada en los productos que buscamos. Los productos deben diseñarse para durar, no para desecharse. Considerar todo lo que significa tener un producto en nuestras manos y lo absurdo que todo eso parece cuando su uso será únicamente un par de minutos.

Hacer un cambio en nuestros hábitos de consumo, de la noche a la mañana, es complejo. Todes tenemos tiempos y realidades muy diferentes. Es real también que en contextos como el actual, puede ser aún más difícil, sin embargo, el modelo de consumo que nos propone el mercado no es el único posible y ante eso les consumiorxs somos quienes debemos tomar el control. Ser consumidorxs conscientes, bajo las crisis actuales, es urgente y crucial. Necesitamos tomar las riendas de nuestras decisiones y sobre todo, no dejar que nos vendan el respeto por nuestro planeta como un nuevo producto de consumo.

***

Les recomiendo mucho ver el documental llamado “La historia de las cosas”, de Annie Leonard. Es muy cortito y explica muy bien lo que espero haber transmitido con este texto 🙂

2 comentarios sobre “Ser consumidorxs conscientes: Que se recicle o se composte no lo hace menos desechable

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