Represión armada contra las manifestaciones en Chile

El siguiente texto lo escribiré por el simple hecho de que me es de suma importancia relatar en primera persona algo que esta pasando en mi Pais.

En Chile estamos en medio de un estallido social que comenzó como una evasión masiva del metro, liderada por estudiantes, el Lunes 14 de Octubre y que desde el 18 de ese mes se transformó en la movilización social más grande de nuestro país, desde la “vuelta a la democracia”. Lxs Chilenxs nos estamos movilizando por una vida más digna, lo cual requiere como base un cambio urgente y completo de nuestra constitución, la cual data de la época de la dictadura y se realizó entre cuatro paredes por seres humanxs que fueron capaces de asesinar a su propio pueblo.

8.11.2019

Dia 22 de las manifestaciones sociales en Chile.

Se había convocado a la 3ra versión de la “Marcha mas grande de Chile”, a las 17 horas en Plaza Italia en Santiago y en todos los centros de concentración del territorio.

Llegue algo pasado las 17 hrs y la cantidad de gente que había ya hacía difícil avanzar. La masa compacta se agrupaba desde Seminario hasta Portugal, por la Alameda y se desplegaba ampliamente por los lados, desde Santa María y por el Parque Bustamante.

Pase a dejar mi bicicleta al taller de mis amigues, me cambié de ropa y a eso de las 18:30 nos sumamos a la marcha, dos amigues (a quienes resguardare sus identidades) y yo.

Como en otras oportunidades, nos movimos harto por la masa. Subimos por el Forestal hasta plaza Italia y una gran nube de humo negro nos llamó a acercarnos hasta la Alameda por Irene Morales. A esa hora ya habían grandes barricadas y en esa esquina, que es habitual foco de enfrentamiento, se sentía la tensión. En ese punto existe ese forcejeo constante, de la masa que espera para avanzar y “la primera línea” que, de frente a las FFEE, esperan la reacción. Es cierto, siempre hay cierta provocación, es algo así como un constante tentar a la incertidumbre de cuál será la próxima respuesta, esperando quizás utopicamente, que no pase nada y nos dejen manifestar en paz, pero a 22 días ya sabemos de ante mano que eso no sucederá. Suenan las sirenas de un camión de bomberos y la masa se abre para dejarlo pasar, al parecer la nube de humo no era de la barricada y hay un incendio en algún punto cercano. El Camión avanza queriendo cruzar la alameda, pero Carabineros no le permite pasar, pese a los gritos de la gente que les avisa. El Camión finalmente se abre paso por la Alameda hacia Vicuña, entre lxs manifestantes que le despejan el camino incluso entre la barricada. A medida que los bomberos avanzan el grupo se vuelve a cerrar y todo continúa con la misma tensión.

No habían pasado más de 10 minutos desde que habíamos llegado a ese punto y comienzan a caer lacrimógenas, seguidas del guanaco que avanza y se escuchan los primeros disparos (para nosotres). Estaban muy cerca y todos corremos a refugiarnos detrás de lo que podamos. Me apreto al grupo detrás de un árbol, todos estamos ahí muy juntes, protegiendo nuestros cuerpos con los cuerpos. Esperando que pase el gas. Esperando que dejen de disparar. Cuando se detienen, comienza nuevamente el ajetreo, con mas rabia, con mas coraje. Lxs cabrxs avanzan rápido al frente, a su labor – autoimpuesta – de contención y la masa que esperaba ansiosa comienza a avanzar hacia el poniente. Mi sentir fue que la cosa estaba más violenta que otros días, mi grupo se había separado en el momento del caos y mi compañero me dice que nos movamos, para ver como está la cosa mas arriba. Avanzamos entre la gente y no deja de llamarme la atención lo distinto que se vive “la instancia” en los diferentes puntos de la concentración. Basta subir un poco y la sensación es mucho más calmada. Gente cantando y saltando, caseroleos por un lado, batucadas por otro, grupos que descansan en las orillas y las “Barras bravas”- que de bravas no tienen nada por estos días- que se tienen tomados los monumentos de Plaza Italia. Avanzamos hacia el poniente, hasta una de las salidas del metro Baquedano y ahí nos quedamos un rato. Observando como todo se desarrolla de forma pacífica. La gente está ahí porque quiere hacer masa critica, porque quiere -queremos- cambios estructurales reales en nuestro país y salir a la calle, hacer ruido, levantar nuestras consignas, detener la libre circulación por una de las avenidas más transitadas de la ciudad y generar un poco de “caos”, es la única forma que, a la fecha, hemos podido llevar a cabo de manera organizada.

Pasa el rato y a pesar de lo tranquilo que está todo por esos lados, hay una tensión constante. Hay miedo, porque durante todos estos días la represión ha sido muy fuerte, muy violenta. Alguien nos advierte que nos movamos de donde estábamos, el pensamiento frente a la advertencia es “y ahora que va a pasar?”, porque esa es la constante. Incertidumbre. Que va a pasar? Que mas puede pasar? No estábamos haciendo nada mas que estar, cantar, conversar y aún así nos manteníamos alertas de que se nos vinieran encima. Fue en una fraccion de segundos entre la advertencia y la acción, que comenzaron a caer lacrimógenas entre el grupo. Venían de abajo, de la estación del metro. Y entones la paz que se vivia desaparece y comienza una pequeña batalla localizada, que moviliza al sector. Escapan lxs que no quieren estar, llegan lxs que se van a enfrentar y la lluvia de piedras y objetos que caen hacia la estación se desencadena. Pronto aparece el fuego que bloquea la salida (pero que a 22 días aún no logra quemar la estación, lo cual solo se contrapone a las 8 estaciones quemadas simultanea y misteriosamente los primeros días de manifestacion y que a la fecha solo refuerza la idea de un montaje para criminalizar el movimiento), pero aun caen bombas que lxs cabrxs, “lxs capucha”, ya tienen expertiz en anular. Y para ese entonces, a no mas de 2 minutos de la primera provocación, ya estamos todos encapuchades, no porque vayamos a ir al choque, sino porque los gases nos intoxican y ya todes sabemos que debemos protegernos la cara. Estaba todo en calma hasta que “aparecieron” lxs pacxs. Si, “aparecieron”, porque la verdad es que nunca los vimos. Solo escuchamos sus disparos y vimos caer sus proyectiles.

Ese nuevo caos se desvanece al rato y la gente se vuelve a agrupar donde todo había ocurrido. Hay miedo, si, pero no el suficiente como para diluirnos.

Nos seguimos moviendo por la masa. Esta vez llegamos al centro, donde una de las barras bravas se tiene tomada la estatua de Baquedano. Para este entonces ya estaba atardeciendo y comenzaron a aparecer las bengalas y fuegos artificiales. El juego de los punteros laser iluminaban el cielo, apuntando a edificios y a los helicópteros cuando nos sobrevolaban. Ahí nos volvimos a quedar, cantando y saltando -porque no somos pacxs- un buen rato, hasta que anocheció y el fuego de las barricadas nos llamó más adelante. El fuego transforma dicen y las barricadas han sido casi románticas por estos días. Puntos neurálgicos que se crean para mantener separada a las fuerzas represoras de la masa manifestante, pero que también se generan como espacio de congregación y despierta en quienes aún estamos ahí, ese instinto de tribu, que ilumina la noche y nos dice que ahí, todes somos compañeres.

Recorremos algunas, compartimos el canto y avanzamos a ver si encontramos a nuestrx tercer acompañante para ya terminar la jornada.

Volvemos al punto de inicio. La gran barricada aún arde. La tensión no se ha disipado y con la noche se siente un poco más. La oscuridad nos tiene a todes un poco más vulnerables y la verdad a mi, ya para esa hora, harto más nerviosa. Por el lado se siente el aviso de que se acercan lxs pacxs, “salieron a cazar” avisan y se ve un grupo corriendo hacia nosotres. Es momento de irnos. Nos movemos hacia la protección de un árbol para definir el encuentro con le amigue perdide y en ese momento comienza una masacre. Sentimos la sirena del vehículo de la policía, vemos el agua del guanaco que comienza a corretear a quienes estaban más cerca y comienza la lluvia de proyectiles de gas lacrimógeno y junto a eso comienzan a sentirse los disparos. Esos que tantas veces han dicho que se usan solo para cuando la situación es incontenible. Esos que dicen que se apuntan al suelo pero que ya han cobrado cientos de ojos. Esos que dicen que no son letales, pero que apuntados al cuerpo y a corta distancia, pueden causar lesiones fatales. Los sentimos como ráfaga. Mi compañero me abraza y me dice que me quede quieta, pero alcanzo a ver por el costado y lo que vi no era para quedarse ahí. Venía un murallon de pacxs avanzando hacia nosotres, disparando a quemarropa sin parar. Correr era la única opción y el único camino era hacia adelante justo delante de ellxs. Quedarse donde estábamos habría sido un suicidio porque esta gente está desquiciada y nos habrían baleado hasta vernos caer.

Así que corrimos, entre el gas que no nos dejaba respirar, entre la gente que se atropellaba porque estaba en las mismas que nosotres. Llegamos a la esquina y nos refugiamos con los edificios, pero lxs pacxs siguieron avanzando, sin parar de disparar. Sin dejar de lanzarnos sus bombas químicas, sin dejar de sembrar el horror. – Cruza la calle – me grita mi compañero, esperando refugiarnos en el parque que había justo al frente, entre los arboles, así que corrí. – Me llego uno en la cabeza – me grita y mi cuerpo se paralizó. El iba con la mano en la cabeza, seguíamos corriendo, yo gritaba que donde habían paramédicos (que se han replegado voluntariamente desde hace semanas en los puntos de manifestación, porque la represión ha sido brutal), me respondieron de algún lugar que más adelante, en el teatro el puente, a unos 100 mts, así que fue el rumbo que espontáneamente elegímos. Corriamos por el parque, nos deteníamos fracción de segundos entre los árboles, con el grupo de gente que corria con nosotres, intentando refugiarnos de los disparos que no sesaban. Yo sentía que iba en cámara lenta, veía como pasaban los perdigones delante mío, como chocaban contra la gente y las hacía caer, los sentía atrás y yo solo corría. Llegamos al teatro, habían paramédicos (aka estudiantes de medicina o enfermería que voluntariamente han salido a la calle a curar heridxs) afuera, con las manos en alto, en señal de que pararan el fuego, recibiendo a lxs heridxs que llegaban unx tras otrx, con heridas en su rostro y cuerpo. – Entran solo lxs heridxs – me dijeron, – no hay espacio -. Mi compañero entra, yo me quedo afuera y me agacho en una esquina, porque a pesar de que es un espacio “neutral” indicado, el fuego no paró.

Junto a mi se empezó a agrupar más gente que llegaba sin heridas, como acompañante, o simplemente gente que llegó ahi a refugiarse. Se sentía el horror. -Agachense- grita una voz y todos nos echamos al piso. Pasa un vehículo policial, se sienten disparos y caen lacrimógenas entre el grupo. Alguien las tira hacia afuera, comienzan los síntomas de la intoxicación, los gemidos, las arcadas, los vómitos. Pasan unos segundos y de adentro salen paramédicxs a preguntar si hay heridxs, a ayudar a lxs intoxicades y a intentar calmar al grupo. – Nadie se va solx, vamos a movernos en grupo cuando sea seguro – grita una voz. Y ahí nos quedamos. Esperando saber de nuestrxs heridxs. Esperando para salir de ahí. A lo lejos aún se escuchan los disparos y los gritos de la gente. En 10 minutos se disuelve una manifestación de miles de personas. En 10 minutos ya no hay nadie, nos sacaron a punta de fusil.

Mi compañero sale. Le sacaron el perdigón que tenía incrustado en la nuca y ahora tiene un vendaje. El grupo que había afuera ya se había disuelto. Cuando se calmó un poco el ambiente se fueron juntxs. Nos sentamos afuera, a esperar que se nos pasara el shock para poder salir de ahí.

A mi no me llego ni un proyectil, no tengo heridas físicas, pero tengo el recuedo latente de lo que ocurrió y mas rabia que nunca antes.

Nos salieron a cazar como conejos. Nos acorralaron, nos quitaron capacidad de reacción con sus gases y nos dispararon sin piedad. Quienes son esas personas?! Que quieren conseguir?! Cuales son sus ordenes y quien se las da?!

El gobierno ha sido inoperante. No responde a las demandas y día tras día alimenta el odio de la gente con anuncios facistas por televisión. Le dieron rienda suelta a una institución nefasta que produce desquiciadxs para la protección del empresariado y que hoy tienen en la calle para reprimir a un pueblo que perdió el miedo. Aunque esa noche yo lo sentí. Yo junto a tantxs más.

La situación en este país se salió de control. Nos declararon una guerra que pelean ellxs, armados hasta lxs dientes, contra un pueblo con las manos limpias. Cada día nos “equipamos” más para salir a la calle. Nos uniformamos con ropa de protección, aún cuando hay 30 grados a la sombra. Usamos mascaras o capuchas, para hacerle frente a las bombas químicas que sabemos nos van a caer. Protegemos nuestros ojos con antiparras o lentes de seguridad, para evitar perderlos con los perdigones y balines que sabemos nos van a disparar. Nos vestimos para una batalla que sabemos tendremos que dar, porque en este país, en Chile, quedamos a merced de un dictador que nos quiere callar con masacre.

Escribo esto con las manos temblorosas y con lágrimas en la cara, porque aún siento ese miedo, porque tengo rabia. Lo escribo porque lo viví y porque me es de suma importancia que se sepa lo que esta pasando en las calles. En chile se violan los DDHH y es el Estado el que lo está permitiendo!

Lo escribo por mi, por mis amigues, por lxs compañeres y por lxs que ya no estan!